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Fumigaciones del Plan Colombia: A Ecuador se le acabó la paciencia

(19/07/2007)

Quito, 16 de julio de 2007.El gobierno ecuatoriano demandará a Colombia ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, considerando agotada la vía diplomática para detener las fumigaciones aéreas en la frontera, realizadas con apoyo de Estados Unidos supuestamente para combatir el narcotráfico.

Bogotá no ha variado su postura, a pesar que el gobierno de Rafael Correa presentó evidencias científicas, según las cuales las aspersiones con el herbicida glifosato son cancerígenas, producen daño cromosómico y afectan el medio ambiente. En un reciente comunicado, Colombia reivindicó su derecho a fumigar dentro de su territorio y demandó la "colaboración entre países vecinos en la lucha contra el terrorismo y el problema mundial de las drogas".

Desde el año 200, el gobierno de Colombia ha llevado a cabo un programa de erradicación de la coca y la amapola a través de aspersiones aéreas con un paquete herbicida que incluye Roundup (glifosato y POEA), además del coadyuvante Cosmoflux. El programa ha cubierto varios departamentos de Colombia, incluyendo los fronterizos con Ecuador: Nariño y Putumayo.

Desde entonces, las poblaciones ecuatorianas que viven al otro lado de los ríos San Miguel y Mataje, y otras comunidades de frontera, han sus sido víctimas de los impactos de los agrotóxicos. Estudios de salud hechos desde ese año, revelan un incremento de patologías cuya frecuencia aumenta a mayor proximidad con la frontera.

Asimismo, se reconocen problemas de salud mental provocados por el lógico temor a la aplicación (una flotilla aérea con varias naves), el volumen del daño ocasionado y la migración forzada, lo que se evidencia en trastornos de comportamiento, atención y rendimiento escolar, angustia e inseguridad de vida.

Estudios genéticos de campo muestran que existe daño a nivel cromosómico de los individuos (26% de daño en poblaciones expuestas, lo que contrasta con el 4% de las no expuestas). Se detectó, además, un incremento 4 veces mayor de alteraciones genéticas.

A inicios de este año, el presidente Rafael Correa constituyó una Comisión Científico Técnica que se encargó de sistematizar todas las investigaciones existentes sobre el tema. El resultado es el documento “El sistema de aspersiones aéreas del Plan Colombia y sus impactos sobre el ecosistema y la salud en la frontera ecuatoriana” (abril, 2007).

La Comisión realizó constataciones y verificaciones, recogió testimonios de la población afectada y determinó una inobjetable afectación en su territorio. También recopiló y sistematizó los conocimientos generados acerca del glifosato -en gran volumen en los últimos años- por parte de investigadores e instituciones de todo el mundo, muchos de ellos motivados por el seguimiento crítico de las prácticas de aspersión aérea masiva.

En el documento se exponen los resultados de estudios sobre el impacto del sistema de aspersiones aéreas en las colectividades de la zona fronteriza y en los ecosistemas del territorio ecuatoriano, con sus consecuencias agrosociales, ecológicas, económicas, en salud humana y animal. Todo esto sustenta científicamente el reclamo que Ecuador hace a Colombia para que cesen definitivamente las aspersiones aéreas con el paquete herbicida en una franja de seguridad de por lo menos 10 km en la zona fronteriza.

Las evidencias reunidas

El documento recoge los datos proporcionados por estudios del impacto de las aspersiones en plantaciones lícitas agrícolas y silvestres (medido entre 2 a 10 km de distancia de la frontera y de las aspersiones), en animales domésticos (medido en porcentaje de muerte y enfermedad, igualmente a diferentes distancias de la frontera), en la ecología (respaldado en abundante material bibliográfico) y en la salud humana (daños verificados por médicos), incluyendo estudios del material genético de la población expuesta directa o indirectamente, como también estudios de vientos y de suelos en la zona.

Se confrontan dos paradigmas de análisis: el de la lógica del mercado, que promueve la duda razonable, el impacto aceptable y el no reconocimiento del rol humano o ecológico, y el de la lógica humanista que defiende la ecología, valida el testimonio humano, protege el ambiente y la salud y relaciona la problemática a determinantes sociales y derechos humanos.

Con estos argumentos, el documento profundiza en los efectos ecológicos, trata sobre la afectación de los ecosistemas, la extinción de especies, contaminación de agua, suelo, plantas y aire. Destaca estudios realizados por investigadores ecuatorianos sobre el daño a nivel celular en plantas, que demuestran que el glifosato, reconocido componente del paquete herbicida, produce alteraciones durante la división de las células y además en su material genético (cromosomas), estudio comparado con pruebas de no exposición al producto.

El documento recoge también argumentos jurídicos nacionales e internacionales, fundamentados en instrumentos normativos vigentes, acuerdos legales sustentados por la ONU, OMS, Convenio sobre Diversidad Biológica, Convenios sobre Derechos Humanos y otros que resaltan, promueven y legitiman el Principio de Precaución como sustento del reclamo ecuatoriano ante el gobierno colombiano, y el pedido de cese definitivo de las aspersiones aéreas con paquetes herbicidas nocivos.

Además, sustenta la posición de que uno de los componentes del paquete herbicida, el glifosato, es nocivo solo o con sus coadyuvantes.

Daños severos

El documento expone estudios que revelan daños severos en el ADN de la población fronteriza. Al analizar muestras de sangre de 24 mujeres ecuatorianas que viven a una distancia de hasta tres kilómetros de la frontera norte, se encontraron aberraciones de cromosomas entre 600 y 800 por ciento superiores a las de quienes viven a 80 kilómetros.

Los ecuatorianos afectados por las aspersiones experimentaron de inmediato dolores intestinales y vómitos, diarreas, dolores de cabeza, mareos, aturdimiento, ardor en ojos o piel, visión borrosa, dificultad para respirar y sarpullidos.

El daño hallado en el ADN de las personas analizadas puede activar el desarrollo de cáncer y de otras anomalías causantes de abortos espontáneos, según el investigador César Paz y Miño, director de Genética Molecular Humana de la Universidad Católica de Ecuador y uno de los principales autores de la investigación.

La concentración de Roundup, 20 veces superior al máximo recomendado por las normas estadounidenses, puede ser la razón del efecto genotóxico (capaz de causar mutación genética) en los individuos expuestos.

Las muestras de sangre fueron tomadas por el médico español Adolfo Maldonado, de Acción Ecológica, quien desde inicios de la década viene estudiando problemas sanitarios, económicos y sociales de poblaciones ecuatorianas afectadas por las fumigaciones de Colombia.

En 2005, científicos franceses liderados por Gilles-Eric Seralin aseveraron que unas horas de exposición al Roundup, a una concentración 10 veces más baja que la hallada en el uso agrícola, tenían efectos tóxicos para células de la placenta humana. En mayo de 2007, Seralin reportó nuevos hallazgos según los cuales, incluso diluido hasta 10.000 veces, el Roundup alteraba la producción hormonal de las células placentarias. Esto, según el científico, podría explicar los abortos espontáneos, nacimientos prematuros o malformaciones sexuales en recién nacidos.

En abril de este año, científicos turcos de la Universidad de Mersin documentaron daños al ADN en peces, incluso en concentraciones de Roundup de cinco a 15 partes por millón.

En Colombia, un grupo de científicos de la Universidad Nacional puso a prueba el glifosato con peces de la especie cachama blanca, del departamento del Meta. El estudio encontró que las branquias y el hígado de los peces fueron los principales órganos afectados por la acción del herbicida, el mismo con el que se están fumigando los cultivos ilícitos. El glifosato Roundup empleado en el análisis de laboratorio corresponde a la primera generación que se aplicó, clasificado en la categoría 4, que la industria considera casi “inofensivo”. De acuerdo con informaciones del equipo de científicos, el que se aplica actualmente para fumigar los cultivos es el glifosato Cosmo-Flux, con un nuevo sulfatante (otro componente tóxico) que lo subió a la categoría 3, “moderadamente tóxico”.

En 2005, Relyea documentó que el Roundup era letal para las ranas. Más del 90 por ciento de renacuajos murieron tras ser expuestos a pequeñas dosis de polioxietil amina (POEA), parte de la fórmula del Roundup que ayuda al glifosato a penetrar en las hojas de las plantas.

Experimentos con ranas estadounidenses mostraron que “más del 80 por ciento de los adultos expuestos al Roundup en proporciones normales fallecieron en un día”.

Estrategia fracasada

En 2006, la Dirección Antinarcóticos de la Policía Nacional Colombiana fumigó 171.613 hectáreas de coca y adormidera, según el Informe sobre la Estrategia Internacional de Control de Narcóticos difundido en marzo por el Departamento de Estado de Estados Unidos. El informe consigna que tres unidades de fumigación aérea, financiadas y operadas por Estados Unidos, trabajan a tiempo completo en Colombia, y que el 2006 se agregó una cuarta.

Las incursiones aéreas en territorio colombiano han seguido sin variaciones este año. El 24 y 25 de junio cuatro avionetas del programa de aspersión del gobierno fumigaron sin aviso previo cerca de dos mil hectáreas de cultivos lícitos en el sur de Bolívar. La Asociación Campesina del Valle del río Cimitarra (ACVC), denunció que la operación con glifosato afectó cultivos y pastizales para alimentar ganado de familias campesinas asentadas en distintos municipios de San Pablo y Cantagallo. En estos lugares, donde no hay cultivos ilícitos, también se contaminó el agua y decenas de familias tuvieron que abandonar sus hogares.

No obstante, el incremento de las fumigaciones contrasta con el fracaso de la política antidrogas. En el marco del Plan Colombia, Estados Unidos ha destinado 2.225 millones de dólares, con un resultado de 30 mil hectáreas erradicadas. Según el investigador estadounidense Jeremy Bigwod, del Transnational Institute, en un documento de la CIA se pone en tela de juicio la efectividad del Plan Colombia en la lucha contra las drogas. Lo mismo manifiesta un informe del Concejo de Relaciones Exteriores de Washington, titulado “Andes 2020”, donde se afirma que el Plan Colombia es un fracaso, pues invierte recursos en planes militares, dejando de lado el aspecto socioeconómico del problema.

El columnista Alberto Rueda, del periódico colombiano El Tiempo, ilustra con datos duros la ineficacia de esta estrategia: “Una sencilla comparación de las cifras oficiales del 2006 con las de 1996 evidencia la errónea apreciación del éxito del Plan Colombia. En 1996, el país tenía 67 mil hectáreas de coca en 12 departamentos. Diez años más tarde, en el 2006, Colombia tiene 11 mil hectáreas más -78 mil-, detectadas ya no en 12 sino en 23 departamentos. Pero el dato más alarmante es que, en el mismo periodo, se pasó de una producción de 300 toneladas de cocaína a 610 toneladas en el 2006”.

La conclusión es impactante: “Desde el 2003 hasta el 2006, se ha fumigado la enormidad de 580 mil hectáreas, rompiendo todos los records sin que se pueda afirmar que se ha reducido en una sola mata los cultivos de coca en el país”.

El relator de Naciones Unidas para el derecho a la salud, Paul Hunt, se unió a los numerosos llamados dirigidos al gobierno de Colombia para poner fin a las fumigaciones aéreas sobre cultivos de coca. Dijo que se deberían suspender las aspersiones, al menos hasta que el gobierno de Colombia “pueda dejar en claro que no dañan la salud humana”. A su juicio, las evidencias de que sí afectan a la salud física y mental de la gente son “creíbles y confiables”.

Leer el texto completo del documento “El sistema de aspersiones aéreas del Plan Colombia y sus impactos sobre el ecosistema y la salud en la frontera ecuatoriana” en: www.accionecologica.org/webae/images/2005/fumigaciones/documentos/comisionct.pdf
………..

Fuentes: RALLT. Notas de prensa de Stephen Leya, corresponsal de IPS, publicada originalmente por Tierramérica (9-06-07). Artículos de Nelly Mendivelso, de Unimedios y Manuel Garza, de TeleSur. Web: prensarural.org Agencia AP (19-056-07).