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DÍA MUNDIAL DE LA ALIMENTACION: POR UNA AGRICULTURA LIBRE DE TRANSGÉNICOS

(20/10/2004)

El 16 de octubre es el Día Mundial de la Alimentación y la FAO (sigla que en español significa “Organización para la Alimentación y la Agricultura”, entidad perteneciente a la ONU) lo celebra cada año con un tema específico. Este año, el tema es: Biodiversidad para la Seguridad Alimentaria.

Bajo la bandera “En Defensa de la Biodiversidad y de la Soberanía Alimentaria: por una Agricultura sin Organismos Manipulados Genéticamente” (también llamados transgénicos), las organizaciones no-gubernamentales (ONGs) del mundo están utilizando este día para llamar la atención de los habitantes del planeta sobre la amenaza que representa la manipulación genética de cultivos para la biodiversidad y la soberanía alimentaria.

Los transgénicos constituyen el más grave peligro para la biodiversidad que, como lo refleja el tema elegido en el Día Mundial de la Alimentación, es esencial para la seguridad alimentaria. Asombra, entonces, que en mayo de este año, la FAO haya publicado un informe titulado “Biotecnología:¿satisfacerá las necesidades de los pobres?”, en el que se promueve la utilización de cultivos transgénicos como parte de la solución al problema del hambre. Centenares de ONGs de todo el mundo suscribieron una carta al doctor Jacques Diouf, director general de la FAO, expresando su indignación y rechazo a estos planteamientos. Las ONGs reclaman que dicho informe ignora las evidencias de los efectos adversos sobre la salud, el ambiente y la agricultura, como también pasa por alto el hecho que la agricultura transgénica consolida y amplía el control corporativo sobre la agricultura y la alimentación.

En su carta, las ONGs señalan la obligación que tiene la FAO de combatir la erosión genética, destacando que el uso de transgénicos la agrava aún más. En particular, la contaminación genética de cultivos tradicionales y convencionales, que los convierte en transgénicos. Este proceso, irreversible e imposible de controlar, implica que se perderán para siempre esos cultivos no-transgénicos, junto con la opción y el derecho a una alimentación y agricultura no-transgénica. La contaminación genética del maíz con transgenes que producen toxinas, fenómeno que está ocurriendo en México -centro de origen y biodiversidad del maíz-, es un desastre para la seguridad alimentaria del mundo. Pero el informe no destacó la importancia de esta tragedia.

Además, las ONGs recuerdan al Dr. Diouf que le incumbe a la FAO criticar y promover alternativas al dominio global que ejercen cinco compañías transnacionales sobre el sistema agroalimentario mundial. En ese sentido, es insólito que en el mencionado informe se apoye el uso de la tecnología TERMINATOR para limitar la contaminación genética. Muchas instituciones científicas, gobiernos y organizaciones en todo el mundo han condenado el uso de esta tecnología. Se llama TERMINATOR, porque produce semillas estériles de manera que, si se usara, los agricultores no podrían guardar semillas de la cosecha para la próxima siembra y tendrían que depender de la compra de esas semillas corporativas. Eso significa renunciar a la soberanía alimentaria, y entregar el futuro de nuestra agricultura y alimentación a unas pocas transnacionales.

Afirman las ONGs que el informe desvía la atención del desarrollo de soluciones ecológicas realmente sostenibles y participativas hacia la biotecnología, cuyos riesgos y orientación reduccionista agravan los problemas. Los sesgos, las omisiones y conclusiones no fundamentadas del informe lo convierten en una vergonzosa herramienta de relaciones públicas para la industria de la biotecnología.

La respuesta del Dr. Diouf a los reclamos de las ONGs no sólo evadió casi todos estos puntos, sino que es autocontradictoria. Sobre los riesgos para la salud y el ambiente, y la contaminación genética de cultivos, no hace comentario alguno. Por un lado, enfatiza que los países deben desarrollar capacidad científica para tomar decisiones independientes sobre el uso de transgénicos, y por otro dice que esto es “para llegar a un consenso internacional”.

El mito de que los cultivos transgénicos contribuyen a resolver el problema del hambre fue inventado por las compañías transnacionales para justificar el negocio de los transgénicos, pero hace muchos años se ha reconocido que es una falacia. Por ejemplo, en el año 2000, un alto ejecutivo de NOVARTIS dijo lo que los críticos de los transgénicos vienen señalando hace años: “Si alguien le comenta que la manipulación genética va a alimentar al mundo, dígales que no lo hará. Para alimentar al mundo, se requiere voluntad política y financiera.” El hambre ha ido aumentando, a pesar del incremento en la productividad agrícola generado con la "revolución verde". Actualmente se producen más alimentos en el mundo que los requeridos para satisfacer las necesidades de la población mundial, lo que demuestra que el problema del hambre es un problema socioeconómico y político, de acceso y distribución de alimentos.

Por si queda alguna duda acerca de la razón de ser de los transgénicos y los objetivos de las transnacionales, cito al doctor Quentin Kubichek, de la empresa Dupont, quien, en el Encuentro Nacional 2003 de la Red de Biotecnología Agroalimentaria, REDBIO-FAO (3-5/12/03, IDEA, Caracas,Venezuela) señaló que algunas características de los cultivos, como la resistencia a la sequía y la productividad, no se pueden alterar con la manipulación genética, porque son propiedades complejas: no existe un sólo gen que le dé una de estas características a un cultivo. Por tanto, afirmó, no son objeto de desarrollo por parte de las empresas transnacionales, ya que la política de las empresas es concentrarse en rasgos monogénicos para cultivos económicamente factibles.

Autora: Lorna Haynes

CENTINELA, Coordinadora del Programa Transgénicos de RAPAL-VE.