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Managua: campesinos intoxicados dispuestos a inmolarse si no obtienen justicia

(22/03/2005)

Managua, 21 de marzo de 2005. Cientos de campesinos nicaragüenses que están acampando en Managua amenazaron con la inmolación si el gobierno no responde a sus demandas de compensación por haber sido expuestos al uso de plaguicidas por las transnacionales Standard Fruit Company, Chiquita Brands, Shell Oil y Dole Limited. El Nemagón o Fumazone (DBCP), agrotóxico utilizado entre 1968 y 1980 a pesar de estar prohibido en todo el mundo, les ha causado cáncer en la piel, impotencia sexual, baja fertilidad y deficiencia en el desarrollo óseo y muscular.

Victorino Espinales, dirigente de una asociación campesina, dijo que 30 de manifestantes están dispuestos a enterrarse vivos en fosas comunes en un parque capitalino si sus peticiones no son atendidas con urgencia (ver foto). Otros 30 podrían iniciar una huelga de hambre e incluso prenderse fuego si no son escuchados antes de Semana Santa.

Las víctimas piden que el presupuesto de 2005 incluya US$7,7 millones para atención social, salud, tierras, viviendas y pensiones.

Las transnacionales bananeras que abandonaron el país después de más de 100 años de explotación y abusos, dejaron miles de campesinos pobres que murieron intoxicados o que sobreviven con su piel manchada y sus cuerpos carcomidos por el agrotóxico. Muchos han visto morir a sus hijos que no trabajaron nunca en una bananera, pero fueron contaminados por sus padres. Es el legado del irresponsable y cruel modelo agroexportador.

Doloroso testimonio: ¿Por qué?

Leticia del Socorro Matamoro tiene 62 años, la piel manchada, y toda ella pregunta: ¿por qué?
-Entré a trabajar en 1970...
-¿Su primer trabajo?
-Sí.
-¿Cuántos años tenía?
-Era muy joven y en la bananera dejé mi juventud. Buscaba trabajo y allí llegué porque tenía necesidad, porque éramos muy pobres. Mi padre se había muerto, éramos cinco hermanos y yo la cumiche, la menor de todos.
-¿De qué vivían?
-Alguno de mis hermanos trabajaba en el corte del algodón, pero se pagaba muy poco, daba para medio comer. Por eso yo busqué trabajo en la plantación San Pablo y me lo dieron.
-¿Se acuerda de aquel día? Estaría contenta...
-Ahh, claro, entré sin problemas, sin enfermedad, entré sana y entonces me dieron el trabajo.
-¿Qué fue lo primero que hizo?
-Como era una mujer que me gustaba el trabajo me enseñaron todo: a descoronar, a empacar, sellar, desmanar la banana como hombre al revés y al derecho, a desflorar… y como la banana entraba a la empacadora llena de veneno, ahí es donde uno se contaminó.
-¿Por qué?
-Porque la fruta venía llena de veneno y los capataces nunca nos dijeron que eso era malo. Llegué a ser de las más viejas, y nunca me lo dijeron. Al Nemagón lo regaban a las 10 de la noche, pues estaba sereno, no había viento, porque si no se dispersa, y los regadores salían con bombas y pistolas a regar, y amanecían las bananas remojadas en veneno, y eso venía a las empacadoras. Entonces las 10 mujeres que estábamos allí desmoronábamos la banana y todo lo blanco quedaba en la pileta, y eso era el veneno. El veneno se regó como en el 72 y 73. No soy mentirosa, yo no trabajé en los campos, pero estoy contaminada por lo que ya expliqué y porque además el agua que bebíamos estaba contaminada.
Entré allí sana, y ahora estoy mala. No sabíamos que ese veneno era peligroso, fue una acción criminal. Mis hijas mujeres también están enfermas; a la soltera la mandé a Costa Rica para que la puedan ayudar porque tiene cáncer en el riñón, como yo. Ahora me están saliendo todas estas manchas, y el doctor me dice que es del Nemagón.
-¿Y su hijos varones tienen problemas?
-También, uno es estéril. Ese chaval (señala a un joven) tiene 24 años y no puede tener hijos, fue afectado por mí y por el padre cuando trabajamos en San Pablo.
-¿Fue la desgracia entrar allí?
-Si, fue por la pobreza. Si hubiera sabido que nos iba a perjudicar tanto…
Yo pregunto que si estas transnacionales sabían que ese producto era malo, ¿por qué lo trajeron a nuestro país? Me pregunto, ¿es falta de conciencia?, ¿es que no creen en Dios, sino en su dinero? ¿Por qué contaminaron y enfermaron a toditos los que trabajaron en San Pablo? Es una injusticia lo que hicieron con nosotros.
Vivo en una casa pobre y el doctor me recetó siete exámenes para poder operarme, porque dice que si no el riñón que tengo malo ya no me va a servir. Me recetó unas inyecciones y no las pude comprar, porque aquí uno está desamparado. Es por ello que estamos organizados y hay que luchar para que le abran el corazón a esa gente…

Leticia vive a 130 kilómetros de la capital, pero viene del fin del mundo, el mundo de nadie, donde el dolor se transmite de generación en generación. Un lugar hecho a la medida de la codicia y la saña de las transnacionales.


Fuentes: Extracto de nota escrita por Gerardo Iglesias, Rel-UITA, 17 de marzo de 2005 (uita@rel-uita).BBC Mundo, www.bbcmundo.com