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Los Monocultivos de Soja Transgénica NO son Sustentables

(04/03/2008)

Los Monocultivos de Soja Transgénica NO son Sustentables


La Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas para América Latina (RAP-AL) rechaza rotundamente el intento de los empresarios sojeros de ocultar y disfrazar los evidentes impactos negativos de la soja transgénica.


Organizaciones de empresarios sojeros junto a ciertas organizaciones no gubernamentales internacionales anuncian foros de discusión en los cuales se trata de explicar lo imposible de defender y esconder: el impacto del monocultivo de soja sobre los pequeños productores, huerteros familiares y el medio ambiente.

En principio, el monocultivo de soja promueve la deforestación. De esta manera millones de hectáreas de bosques y selvas han sido devastados, y con ellos cientos de especies vegetales y animales, con el propósito de sembrar soja transgénica. Ecosistemas enteros han sido arrasados obligando al desplazamiento de las comunidades que obtenían allí su alimento.

A partir del modo de producción establecido, luego de algunos años de cultivo los suelos pierden su fertilidad química y características físicas, convirtiéndose en un material sin vida fácilmente erosionable.

En este proceso de agriculturización, la expansión productiva ocurre en una estructura agraria en la cual se manifiesta una creciente concentración económica, afectando de esta manera a miles de productores, principalmente a los más pequeños. Se hace presente y visible la desnacionalización de la producción agrícola y su inclusión en un complejo agroindustrial ligado a la oferta monopólica de insumos y tecnologías -semillas y maquinarias-. Tanto la intensificación del capital como la adopción de paquetes tecnológicos determinan una mayor concentración y extranjerización de las empresas, por lo que cada vez existe un menor número de productores, de empresas transformadoras y comercializadoras. Las que quedan se hallan integradas verticalmente y en manos de capitales extranjeros.

El cultivo no es sustentable ya que depende de la adición permanente y creciente de fertilizantes químicos, herbicidas e insecticidas. En algunos países, como la Argentina, el monocultivo de la soja RR ha llevado a la utilización de más de 150 millones de litros del herbicida glifosato cada año, y como el uso masivo ha generado resistencias en las plantas silvestres, se refuerza la espiral de la utilización de herbicidas, tanto por el incremento en las dosis como por la utilización de productos químicos cada vez más potentes.

De la misma manera, el monocultivo de soja, en ausencia de un manejo integral de insectos, promueve la utilización de insecticidas extremadamente peligrosos para la salud.

La expansión del cultivo de soja también ha impactado en la soberanía alimentaria, dado que su cultivo ha desplazado a aquellos destinados a la alimentación de nuestras
comunidades, afectando tanto las decisiones acerca del modo de alimentarnos como el precio de los alimentos.

Desde la Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas para América Latina (RAP-AL) repudiamos el intento de disfrazar los evidentes impactos de la soja transgénica, como la desertificación, el incremento del uso de plaguicidas y la concentración de la propiedad de la tierra, entre otros. Estas son razones más que suficientes para rechazar los intentos de convencer sobre una pretendida sustentabilidad de un modo de producción que desde su expansión sólo ha generado más desigualdad, contaminación ambiental, grave pérdida de la biodiversidad, daños a la salud y total menoscabo de la soberanía alimentaria.



Buenos Aires, 4 de marzo de 2008.