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Chile:"Rodrigo Ayuda", primera agrupación de familiares con niños nacidos con malformaciones asociadas a plaguicidas

(28/09/2004)

Nada peor que sufrir en soledad. Por eso y a partir de la experiencia vivida en su propia familia, a Constanza Cerda se le ocurrió formar una agrupación de familiares con niños nacidos con malformaciones a causa de los plaguicidas en la comuna de Melipilla, la primera que existe en Chile y tal vez la única en América Latina. Hoy, la Agrupación “Rodrigo Ayuda” tiene a alrededor de 100 afiliados en distintas comunidades rurales, lo que da una idea de la escalofriante cantidad de bebés que han nacido con tan terrible condición. Una realidad aún no cuantificada con exactitud, porque no existen registros rigurosos en ninguna parte del país.

El nombre de la agrupación se inspiró en Rodrigo Armijo, nieto de Constanza. Tiene 5 años y nació con tantas malformaciones que los médicos vaticinaron que no iba a sobrevivir, y si lo lograba tendría un retraso mental de ciento por ciento. “Gracias a Dios, es un niño mentalmente normal –dice la abuela-. Físicamente tiene problemas, porque nació con hidrocefalia, sin párpados, le faltan deditos, tiene labio fisurado (leporino) y, por lo tanto, dificultades en la nariz. Pero él nos da la fuerza para seguir luchando a pesar de todas las diferencias y problemas que existen. Le han hecho 14 operaciones, y le faltan muchas más. Tendrán que ponerle un cráneo plástico, porque los huesos de la cabeza no se le juntaron como debiera haber ocurrido (aún tiene la mollera abierta). Hay que operarlo porque así corre un gran riesgo, si se cae se puede morir inmediatamente. También le operaron la parte frontal del cráneo, porque tenía los huesos entrelazados. Rodrigo ha pasado mucho tiempo en hospitales de Santiago (Calvo Mackenna, San Juan de Dios, Instituto de Neurocirugía, Hospital de la Fuerza Aérea), y lo han atendido muy bien. En cambio, en el Hospital de Melipilla, que es nuestro pueblo, la atención es tremendamente mala y no hay especialistas. Decimos que la salud es un derecho, pero resulta que no tenemos derecho a nada. Por eso peleamos tanto desde la agrupación. Incluso fuimos a hablar con el ministro de Salud, porque es muy sacrificado asumir estas situaciones”.

Su hija trabajaba en el supermercado Santa Isabel, de Melipilla. En dos años, tres trabajadoras tuvieron abortos espontáneos, una tuvo un bebé con anancefalia (sin cerebro), que murió de inmediato, y nació Rodrigo con las malformaciones señaladas. “A mí me pareció muy raro –señala Constanza Cerda- y le pregunté a la doctora Lidia Tellerías, jefa de Genética del Hospital San Juan de Dios, a qué se podía deber esto. Ella pidió una investigación al Servicio de Salud del Ambiente (Sesma) y también vino gente del Servicio de Salud Occidente. Sacaron todas las muestras que estimaron necesarias, y supimos que el problema se originó en plaguicidas que se usaban para desratizar, porque el supermercado estaba al lado de un canal y había muchas ratas. Bajo las estanterías ponían pellets para los ratones y una vez al mes llegaba una empresa a fumigar, mientras las mujeres seguían trabajando. Se fumigaba toda la mercadería de las bodegas y resulta que con los alimentos que no se podían vender –bolsas de arroz o de fideos rotas- les preparaban la comida a los trabajadores del supermercado. Entonces comenzamos a hablar de plaguicidas... Hicimos una denuncia en Santiago, hablamos con el ministro de Salud –entonces Osvaldo Artaza-, quien dijo que iban a hacer una investigación. Pero todo quedó en nada”.

Como a las trabajadoras afectadas del supermercado Santa Isabel nunca se les entregó el informe final de la investigación del Sesma, no han podido efectuar la denuncia correspondiente ni pedir indemnización a la empresa. Algo similar le ocurre a las mujeres que se han contaminado en faenas agrícolas. Faltan las “pruebas” para entablar una demanda judicial. “Los doctores tienen miedo de decir algo, dicen tenemos la certeza y no la seguridad de que sí son plaguicidas”, comenta la presidenta de “Rodrigo Ayuda”.

“Todas las mamás necesitan remedios, plata para trasladarse con sus niños a los hospitales de Santiago... a veces no tienen ni qué comer. Si uno va a la casa de un niño con problemas congénitos el 15 o el 20 de cada mes, se encuentra con que los chicos están comiendo arroz graneado solo. ¿Es eso alimentación para un niño? También se necesita mucha ayuda moral. Por eso empecé a juntar a las mamás, pensando en estos niños. Al principio estaban cohibidas, desde la segunda reunión ya estaban más abiertas, ahora conversan más tranquilas. Yo me doy el gusto de visitarlas, voy de casa en casa...”, dice Constanza.

No es mucho lo que han obtenido los miembros de la agrupación, pero al menos lograron que los autobuseros les otorguen un pase escolar que les permite rebajar de manera importante el costo de los traslados a Santiago. Ahora están empeñadas en conseguir una sede, porque no tienen dónde reunirse y compartir. Anteriormente usaron en préstamo locales de otras organizaciones e, incluso, han tenido que reunirse en la plaza Centenario de Melipilla. También quisieran tener acceso a atención psicológica para las mamás y familiares más cercanos. “Como insisto, insisto e insisto... soy demasiado ‘conflictiva’ para el alcalde, la gobernadora y los concejales. Yo digo las cosas como son. Mi hija tiene que dedicarse a su niño todo el día, y todas las mamás que trabajaban ya no pueden seguir haciéndolo. Nosotros, los padres y abuelos de estos niños, somos los más pobres entre todos los pobres”, dice Constanza. Ella fue secretaria y gerenta de una empresa. Ahora, cuando nació su nieto, ha vendido quesos en la carretera para reunir dinero para los gastos en salud.

Prácticamente todos los niños se atienden como indigentes en hospitales públicos, ya que sus padres –temporeros o con trabajos inestables- están fuera del sistema de previsión social y de salud. En general, la atención médica es gratuita, pero no faltan los exámenes o medicamentos que deben pagar. Por ejemplo, un examen especializado de cromosomas para determinar si persisten alteraciones en la madre que haga aconsejable evitar tener hijos durante algunos años cuesta más de 200 mil pesos (sobre 300 dólares).

En Melipilla tampoco hay colegios especiales para niños con incapacidades, menos aún en el campo, que es donde vive la mayoría de estos niños. En definitiva, ni las autoridades ni la sociedad asumen aún esta impactante realidad humana y social, con sus causas y sus consecuencias.

Fuente: RAP-AL y "Rodrigo Ayuda"