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“Lavado de imagen” en última reunión de la OMC

(07/09/2004)

“Lavado de imagen” en última reunión de la OMC (5/08/04)

Agosto de 2004, Ginebra, Suiza.En la reunión del consejo general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), celebrada a fines de julio, se acordó una serie de orientaciones para vigorizar las negociaciones de la Ronda de Doha, amenazada después del fracaso de la cumbre de Cancún en septiembre de 2003. Sin embargo, se estima que el anuncio de terminar o reducir las subvenciones a las exportaciones agrícolas en los países desarrollados tiene más de cosmética que de realidad.

Es indudable que el debate sobre el marco de las negociaciones y la liberalización de los mercados en los 147 países que integran la OMC se había polarizado enormemente en el tema de la agricultura, con los países en desarrollo en un bando y las naciones industrializadas en otro.

Esas diferencias influyeron en el fracaso de la V Conferencia Ministerial de la OMC, ya muy presionada por las intensas movilizaciones de la sociedad civil que se reunió en forma paralela en Cancún.

Las controversias se mantuvieron durante este año, creando una situación de impasse en las negociaciones del comercio multinacional. Uno de los aspectos más conflictivos para los Estados del Sur son los subsidios que otorgan los gobiernos de Estados Unidos y de naciones europeos a productores agrícolas de sus respectivos países. Debido a eso, los productos que exportan a las naciones del Tercer Mundo llegan con precios mucho más bajos que los que se producen en cada país, generando una competencia desleal que perjudica primordialmente al mundo en desarrollo.

En este contexto, en la reunión de la OMC realizada desde el 28 de julio al 1 de agosto en Ginebra –donde tampoco faltaron las manifestaciones de protesta-, los países desarrollados anunciaron que pondrían fin a las medidas proteccionistas, como una forma de demostrar su disposición a avanzar en las negociaciones. El director general de la OMC, Supachai Panitchpakdi, precisó que los 147 estados miembros del sistema multilateral acordaron efectuar reducciones substanciales en las ayudas internas a la agricultura que causan distorsión en el comercio.

No obstante, a la hora de fijar metas para materializar estos acuerdos, se habló en términos generales y de plazos demasiado largos -entre 2 y 15 años-, lo cual relativiza el efecto de la medida. Las metas y objetivos quedaron en el aire. El representante comercial de Estados Unidos, Robert Zoellick, dijo que “más adelante negociaremos los límites de velocidad para establecer la magnitud y la rapidez de las disminuciones de las barreras comerciales”.

A pesar que los resultados de la cumbre de Ginebra se presentaron a la opinión pública como un éxito de la OMC y “un acuerdo histórico entre países ricos y pobres”, hay motivos de peso para poner en duda ese optimismo. El intercambio desigual en la agricultura entre los países del Norte y del Sur se seguirá acentuando a causa de la biotecnología y de la introducción de productos patentados. El debate sobre la propiedad intelectual de semillas volvió a quedar fuera de la agenda de discusión de la OMC. Así, los países del Norte ganan tiempo para seguir desarrollándose en esa área, mientras los países del Sur continúan abriendo sus fronteras a especies patentadas, hipotecando la autonomía y la seguridad alimentaria de ésta y de las próximas generaciones.

Marco dudoso>/b>

Más allá de la subvenciones a la agricultura, en Ginebra se trabajó en un acuerdo marco, para lo cual se creó un grupo denominado las Cinco Partes Interesadas (CPI), integrado por protagonistas de peso político y económico en el mundo del comercio, como Estados Unidos, Unión Europea, Australia, Brasil e India. Estos dos últimos representaron a los países en desarrollo integrados en el Grupo de los 20 (G-20), que jugó un importante papel en el fracaso de las conversaciones en Cancún, precisamente porque puso el acento en limitar los subsidios agrícolas y disminuir las barreras aduaneras.

El CPI entregó a Supachai y al presidente del consejo general de la OMC, Shotaro Oshima, un borrador de proyecto de marcos que sirvió para redactar la versión final aprobada. Pero ésta, más que un acuerdo definitivo, constituye una mera declaración de compromisos.

Supuestamente, la adopción del proyecto prolonga la vida de las negociaciones de la Ronda de Doha, lanzadas en noviembre de 2001 en la capital de Qatar. Después de Cancún, la suerte de esa negociación corría peligro. Ahora, los representantes de los Estados que participaron en el encuentro de la OMC esperan darle un nuevo ímpetu.

Distinta es la apreciación de la agencia internacional Oxfam. Estima que el acuerdo logrado tiene escasa sustancia y no garantiza los cambios que podrían ayudar a los países más pobres. Céline Charveriat, jefa de la oficina de Ginebra de Oxfam Internacional, observó que en el documento final no hay compromisos firmes ni plazos claros para reformar los regímenes de comercio. “Lo que se necesita es un enfoque más ambicioso y radical. Si los países ricos no ponen en práctica de inmediato sus promesas, esta declaración se convertirá en una etapa más del largo camino de desilusión y decepción”, dijo Charveriat.

El próximo mes de septiembre se reanudarán las discusiones del Programa de Doha para el Desarrollo, que deberían culminar a fines del 2005. Se considera que el acuerdo respecto del sensible tema agrícola abrió el camino para un entendimiento similar en el terreno del comercio y desarrollo de bienes industriales, comercio e inversión, comercio y política de competencia, transparencia en las adquisiciones gubernamentales y facilitación del comercio.

Pero una cosa es la palabra y otra son los hechos. La Unión Europea, Estados Unidos y países como Japón y Suiza han dicho que no cortarán sus generosos subsidios agrícolas a menos que se les garantice un mayor acceso de sus productos industriales a los mercados emergentes. En teoría, según el acuerdo, las naciones más pobres no estarían obligadas a contribuir con la apertura de los mercados en ningún área, incluyendo la de servicios.

Por otra parte, los europeos protegen actualmente 1.850 productos mediante contingentes arancelarios, y tanto ellos como los japoneses y otros países ricos reclaman flexibilidad al momento de elaborar listas de productos para los que no tendrían que abrir tanto sus mercados como para el resto.

La organización no gubernamental Oxfam cuestiona que en lugar de un trato especial y diferenciado que beneficie a los que realmente lo necesitan -el 96% de los agricultores del planeta viven en países en desarrollo-, se busca favorecer a los ricos, como la UE o EE.UU., donde ese sector representa aproximadamente el 2% del PIB.



Fuente: Agencias IPS, Reuters, Associated Press, EFE, Oxman.