El ingeniero agrónomo Javier Souza Casadinho, Coordinador Regional de la Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas de América Latina (RAP-AL) y docente e investigador de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, analiza la profundización del agronegocio en la región, las amenazas sobre las semillas campesinas, el avance de los transgénicos y la importancia histórica del juicio por contaminación con agrotóxicos en Pergamino, cuyo reciente fallo absolutorio para los productores acusados representó un duro revés para las familias afectadas.
En distintos países de América Latina observamos gobiernos que promueven la desregulación ambiental y facilitan la expansión de actividades extractivas. ¿Estamos viviendo una nueva ofensiva del agronegocio en la región?
Más que una nueva ofensiva, diría que estamos frente a la profundización de una lógica que existe desde hace décadas. En nuestros países se repite el mismo discurso: hay que producir más alimentos para combatir el hambre, generar divisas y promover el desarrollo. Es una narrativa que escuchamos desde hace más de cincuenta años.
Dentro de esa lógica aparecen los fertilizantes, los plaguicidas, los transgénicos y ahora la edición génica, siempre presentados como soluciones tecnológicas a problemas complejos. Sin embargo, los datos muestran otra realidad. En Argentina, durante los últimos treinta años, la superficie agrícola aumentó un 167%, la producción cerca de un 240%, pero el uso de plaguicidas creció un 1.670%.
Además, según investigaciones realizadas por RAP-AL y PAN, en Argentina se utilizan más de 140 sustancias que están prohibidas en otras partes del mundo. También se aprobaron cerca de 70 transgénicos en distintos cultivos. La promesa era que estas tecnologías reducirían el uso de plaguicidas, pero ocurrió exactamente lo contrario.
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